Nuestra Propuesta

A DIEZ AÑOS DE LA MUERTE DE TEJADA GOMEZ

QUERIDO ARMANDO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Corría el año 1991, yo estaba en la RCA Víctor grabando y en las mañanas hacia horas extras en la Aduana, entre venta y venta de libros, y a la noche nos juntábamos toda la barra, Polo Troise, el vasco Aguerreberry, Julio Balza, los Hardy -Junior y Julio- Eduardo Wuainer, en una peña que regenteaban unas actrices de Nuevo Teatro en Yerbal y Condarco, y escuchábamos a Los Andariegos, Los Indianos, Los Amautas, Los Tres para el Folklore, entre otros. Y allí conocí a Armando. El venias de una toda una experiencia en política en la UCRI, que había sido gobierno con Frondizi en el 58, y creo que hasta el 60 o 61 se mantuvo , hasta que una noche salimos de la peña para volver a casa y estaban los tanques en la esquina. Se impuso un arreglo para que Guido fuera quien terminara el mandato popular, que se había podido concretar gracias al peronismo, y Armando se radicó en Buenos Aires en el 64. Ya había fundado el movimiento Nuevo Cancionero en Mendoza, junto a Tito Francia, Oscar Matus, Mercedes Sosa, Eduardo Aragón, los plásticos Enrique Sobich, Carlos Alonso, entre otros, y nosotros adherimos a medida que tomábamos contacto con el , Hamlet Lima Quintana, Moncho Mierez, Manuel Juárez, Raúl Mercado y Cacho Ritro de los Andariegos, entre otros. Nos proponíamos a divulgar y hacer conocer en un todo lo suscripto en el Manifiesto del Nuevo Cancionero, y hacer cumplir lo enunciado. Contábamos con solo nuestra capacidad de creación y nuestra firme voluntad para hacer una tarea ciclópea darle sentido a la canción popular, rescatándola de la cosa paisajista y costumbrista, decadente y retrógrada en que se había convertido, Argentina se debatía en los vaivenes de una cultura ambigua, al servicio de economías de ocupación y despojo, sin nada que detuviera el carácter de latrocinio sistemático que esgrimió el gran capital extranjero ,y el que creíamos nacional, creándonos la contradicción de que atacábamos lo nuestro cuando en realidad estabamos traicionando nuestra identidad. Nada era nuestro, salvo las obligaciones y las 12 o 14 horas diarias a destajo. No había futuro.

 

En ese contexto, nos pusimos a trabajar con la canción, sin descanso y sin claudicaciones, con la fe puesta en la tarea que emprendíamos, y el aplauso como único aliciente. Y nació el Nuevo Cancionero, faro que ilumino el paisaje de la geografía nacional con la fuerza de un ciclón. Ibamos a todos loa lugares, allá donde se levantara una voz estabamos nosotros para apoyarla y difundirla. Donde se hiciera un acto por Derechos Humanos, por presos políticos, despidos o cierres de fabricas, manifestaciones o pedidos por la vida de obreros o gremialistas, allá íbamos nosotros. Fueron años de prueba en que nos tomábamos el pulso, nos probábamos nosotros como interpretes, poníamos a prueba nuestro repertorio y el modo de ejecutarlo. Nadie salió de esta lucha sino enriquecido, enaltecido con la posibilidad de cantarle al verdadero protagonista, el único destinatario del canto popular el Pueblo. Y nosotros le estábamos poniendo palabras a sus penas, dolores, angustias, diciendo sus olvidos y sus injusticias, poniéndole una estrella a su a su silencio. Ya nunca mas seria lo mismo, nunca más. Ni lo mismo ni igual.

Y le torcimos la mano a las multinacionales del disco, que no son otra cosa que prolongaciones de las petroleras de turno el material con que se hacían los discos , antes y ahora es un derivado de petróleo.

Y Armando estuvo al frente de esa pelea. El organizo el grito, el grito de todos, el grito de cinco siglos de ocupación acallados, el grito de cinco siglos de vejámenes y oprobios, de injusticia y expoliación, de hambre y miseria popular. Y toda esa lucha se hizo cantando, cantando de verdad, con todos, y con Armando.

Como no podía ser de otra manera, se traslado toda esta fuerza creadora a la pintura, el cine, la plastica, la TV, el teatro, la fotografía , y todo cantando. Nadie quiso quedar fuera de este aggiornamiento que surgía de todas partes como un vendaval incontenible.

Y se importo la Nueva Canción, a Chile, a Perú, intercambiamos bossa con Brasil, y llegamos a Cuba a acompañar el rebrote de la nueva Trova. Y Armando al frente del Nuevo Cancionero. Y Armando explicando, el, el analfabeto que se invento hombre de letras, de la mano con Garcilazo, con Lope o Góngora, o Tolstoi o Brech, que decía que nunca se debía bajar el nivel porque así se desnaturalizaba el idioma, y desvarolizaba a quien lo usaba, explicando y explicando como un amauta cada palabra de este nuevo abecedario, de esta refundación idiomática. ¿Refundo el siglo de oro? No andaríamos lejos de la realidad si nos atreviéramos a pensar algo así.

De lo que estoy seguro es que desde Armando hay un antes y un después en la canción popular latinoamericana. Después de Zamba para no morir o Canción con Todos hay un nuevo modo de decirnos y entendernos. Armando, como sino contaran sus 10 años de muerto, nos marca el rumbo incansablemente

 

Moncho Mierez