Armando Tejada Gómez

Por Moncho Miérez

Corría el año 1961 y nos juntábamos en La Guminda, en Yerbal y Condarco, con Los Andariegos, Los Indianos , Los Amautas, Los Nocheros de Anta, Los Tres para el Folklore, Matus y Mercedes ,y allí conocí a Armando. El venia de hacer toda una experiencia en la UCRI, que había sido gobierno con Frondizi en el 58 después de un arreglo con Perón ,y hasta el 61 creo, se mantuvo , hasta que una noche salimos de la Guminda para volver a casa y en la esquina estaban los tanques. Se impuso un arreglo para que Guido terminara el mandato popular, y Armando se radico en Bs As en 1964.

A partir de entonces, fundado ya el Nuevo Cancionero en Mendoza, nos propusimos todos los firmantes del Manifiesto difundir cabalmente sus postulados y cumplir y velar con los preceptos enunciados en el documento. Contábamos con nuestra capacidad de creación solamente y nuestra para hacer una tarea ciclópea darle sentido a la canción popular latinoamericana.

Argentina se desenvolvía en los vaivenes de una cultura ambigua , al servicio de economías de ocupación y despojo, sin nada que detuviera el carácter expoliador de latrocinio sistemático que esgrimió el capital extranjero y el que creíamos nacional una vez mas nos dábamos cuenta que no hay alianzas de clase sino el predominio de una clase en detrimento de la otra. Nada era nuestro, salvo las obligaciones cada vez menos retribuidas, las 12 o 14 horas diarias a destajo. No había futuro.

En ese contexto, nos pusimos a trabajar con la canción, sin descanso y sin claudicaciones, sabiendo que éramos hacedores de una hazaña. Y nació el Nuevo Cancionero, que iluminó de vida nueva la vieja canción, el viejo quehacer paisajístico con la fuerza de un ciclón. Íbamos a todas partes , todos los lugares donde se levantara una voz, estábamos nosotros para apoyarla y difundirla .Donde se hiciera un acto por derechos humanos, por presos políticos, por despidos y cierres de fabricas, por actos estudiantiles , de gremios o sindicatos, allá íbamos nosotros. Fueron años de prueba: nos probábamos nosotros como intérpretes, probábamos nuestro repertorio y el modo de ejecutarlo. Nadie salió de esta lucha sino enriquecido, enaltecido con el canto como una bandera. Ya no fue lo mismo, nunca más fue lo mismo. Y le torcimos la mano a las multinacionales del disco que no son otra cosa que prolongaciones de las petroleras de turno. El material con que se hacen los discos es un derivado del petróleo. Y Armando estuvo al frente de esa pelea. Él organizó el grito de todos, el grito de cinco siglos de ocupación acallado, el grito de cinco siglos de vejámenes y oprobio, de injusticia y de expoliación, de crimen, de hambre y de miseria popular. Y toda esta lucha se hizo cantando, cantando la verdadera canción con todos.

Esto se trasladó, no podía ser de otra manera, a la pintura, el cine, el teatro, la TV, la fotografía, y todo cantando, simplemente cantando. Nadie quiso quedar fuera de este aggiornamiento que surgía de todas partes como un vendaval incontenible.

Y se exportó la nueva canción, a Chile, a Perú, intercambiamos bossa con Brasil y llegamos a Cuba para cambiar la trova.

Y Armando al frente del Nuevo Cancionero y explicando él, el analfabeto, que se inventó hombre de letras, y qué hombre de letras, de la mano con Garcilazo, Lope o Góngora, no bajando nunca su nivel porque se desnaturalizaba el idioma que tanto había costado aprender y que desvalorizaba al que lo recibía. Explicando como un amauta cada palabra de esta edición idiomática. ¿Refundó el siglo de oro? No andaríamos lejos de la realidad si pensáramos algo así.

Lo que sí estoy seguro es que hay un antes y un después en la canción popular latinoamericana. Después de "Zamba para no morir" o después de "Canción con todos" hay un nuevo modo de decirnos y entendernos. Y Armando, pese a sus diez años de ausente, nos marca el rumbo incansablemente.


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