Mendoza, Argentina, Lunes 11 de noviembre de 2002


La vigencia de Tejada Gómez
Por Sara Rosales - Senadora PJ
El domingo hicieron 10 años de la desaparición física de un personaje imprescindible. Me estoy refiriendo a la figura del poeta nacido en la Medialuna, del departamento de Guaymallén, Armando Tejada Gómez.

Él fue un niño de la calle y, como tal, ejerció todos los oficios duros que ejercen los chicos desamparados: lustrabotas, canillita y cuanta changuita se le presentara para ayudar a la economía de su humilde madre.

Pero no fue un niño triste, y recordaba con una nostalgia que lo emocionaba sus aventuras y travesuras con otros niños y jóvenes.

Tampoco nunca renegó o se avergonzó de sus orígenes. Le gustaba recordar esas épocas y remarcaba lo importante que fue en su vida la Biblioteca del Club Pedro Molina, que tenía sus puertas abiertas aún para los niños de la calle, donde desordenadamente, pero con tremenda avidez, comenzó a convertirse en un lector insaciable.

Pero la dureza de la época que le toca vivir no endurece sus sentimientos y habla siempre de compartir, solidaridad, amistad y amor.

Esto lo confirma en su poema "Hay un niño en la calle", donde luego de describir crudamente la vida de los pequeños que, vaya a saber por qué cosa del destino y de los hombre les toca crecer de esa manera, él se pregunta:

Dónde andarán los niños que venían conmigo. / Ganándose la vida por los cuatro costados, / necesito saber cuáles sonríen, / mi canción necesita saber si se han salvado, / porque si no es inútil mi juventud de música / y ha de dolerme mucho la primavera este año.



Importa dos maneras de concebir el mundo. / Una, salvarse solo, / arrojar ciegamente a los demás de la balsa. / Y la otra, / un destino de salvarse con todos, / comprometer la vida hasta el último náufrago. / No dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Su poesía, como su vida, tienen un fuerte compromiso social y esta actitud militante lo acompaña hasta su muerte.

Esto lo paga con persecución, cárcel y exilio en los años negros del país.

Sin embargo, su dura expresión también denota esperanzas y esa postura suya recorre el mundo en cientos de versiones distintas de "Canción con todos" y recalca su sueño de la unión de todos los países latinoamericanos y nos obliga a cantar "todas las voces, todas, todas las manos todas".

Fue fundador del nuevo cancionero junto a Oscar Matus, Mercedes Sosa y Tito Francia, entre otros. Esta actitud viene a enriquecer y transformar la música de América Latina.

Son muchos sus poemas, muchas sus canciones y el mundo lo reconoce. Mientras tanto a él le sigue doliendo la Patria y dice en un magnífico "Manifiesto del horizonte", del que por su vigencia hay que recordar unas estrofas:

Patria, amor mío, es hora, se han cumplido los siglos. / Estoy fundiendo todas las manos de tus hijos. / Aguarda que ahora tengo el corazón al viento. / Y en el viento un aroma popular encendido. / Espéranos, iremos por los barrios hermosos / donde el día transcurre custodiado de niños. / Diciéndonos que es grave pero bello tenerte / limpia de capataces metálicos y cínicos. / Hay que marchar con todos para soltar la aurora / de adentro de tu pueblo como un inmenso río / por donde irá la vida liberada cantando: / Ya vuelvo, amor, América, espérame en el trigo.